La verdad última, oculta del mundo

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La verdad última, oculta del mundo

Afuera ha estado nevando los últimos días y el bosque es una carpeta de nieve. Me resulta un tanto difícil tratar de describir el inicio de año sin sentir cierto grado de desesperanza. A escala global, nuestras realidades materiales e intelectuales, ocio incluído, parecieran estar intencionalmente diseñadas para producir en nosotros precisamente eso: desesperanza. Por ello, creo que, en tiempos como el nuestro, actos mínimos como mantener la cabeza erguida o darnos una palabra de aliento se transforman en pequeños triunfos de dignidad y rebeldía. Trato de recordarme esto y de refugiarme en actividades un poco más mundanas (o humanas, si se prefiere): me gusta cocinar para mis seres queridos, cuidar de mis plantas, salir a caminar o perder el tiempo leyendo algo que me sacuda la imaginación.

El primer libro que terminé de leer este año fue The Ultimate Hidden Truth of the World, de David Graeber, que es una compilación póstuma de ensayos del autor. Solo pude encontrar la versión original, en inglés, pero sé que muchos de sus trabajos están traducidos al español (quizá el más famoso de ellos sea Trabajos de mierda: una teoría). Publicado a finales del veinticuatro, «The Ultimate...» reúne más de dos décadas de ensayos escritos por el antropólogo y activista anarquista, así como algunas entrevistas y charlas en las que participó. Este volumen fue posible gracias a la compilación y edición de su esposa y colaboradora, Nika Dubrovsky. Para quien se topa con el trabajo de Graeber por primera vez, este libro sirve como un excelente acercamiento a sus ideas y a todos sus «grandes éxitos». En esencia, los trabajos de este volumen abordan el tema de la parálisis producida por el realismo capitalista, es decir la idea de que no existe alternativa posible a nuestro actual sistema político y económico (casi imposible no pensar en este punto en la frase cliché atribuída a Frederic Jameson: «es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo»).

Sin embargo, para Graeber el realismo capitalista no es una conclusión sino un punto de partida, ya que en su entendimiento las instituciones como el estado, el mercado o la deuda no son leyes inmutables de la naturaleza (como lo sería por ejemplo la gravedad) sino acuerdos y consensos que creamos y a los que nos sujetamos todos como sociedad y, por lo tanto, siempre tenemos la libertad y la responsabilidad de renegociarlos a voluntad si estos ya no nos son de utilidad. Para Graeber, la parálisis política que domina la vida moderna se cimenta en la miopía de líderes que no ofrecen sino una defensa del orden establecido o nostalgia por un pasado imaginado y cuasi mitológico. En este sentido, la voz del autor me parece vital en estos tiempos, ya que nos recuerda que la solución a esta parálisis política reside en una visión de un futuro basado en la libertad y la creatividad humana, y que la vida se construye con pequeños actos de «rechazo creativo» hacia las estructuras jerárquicas que se nos imponen.

Hay tres capítulos que me parecieron clave dentro de este volumen:

El primero, On the Phenomenon of Bullshit Jobs, o Sobre el fenómeno de los trabajos de mierda, que fue el ensayo seminal que luego se desarrollaría hasta convertirse en un libro de gran éxito global. A grandes rasgos, este ensayo explica cómo el sistema capitalista y sus lógicas de alienación terminan generando trabajos sin significado ni sentido, lo que no solamente nos separa de un propósito de vida sino que ultimadamente daña el alma humana.

El segundo, There Never Was a West, o Nunca hubo un occidente, en el que pone en tela de juicio el concepto de «civilización occidental» como un concepto coherente de linaje histórico que es sinónimo único de democracia y de racionalidad. En sintonía con pensadores como Edward Said, Graeber desempaca el término de occidente como una referencia cartográfica que parte de los poderes colonizadores de una época histórica determinada, y que sólo sirve para perpetuar un discurso de dominación a lo largo del tiempo. Esto es: desnuda el sentido vacío del concepto: se es occidental ¿pero en relación a qué o a quién? ¿Por qué Australia es occidental pero Haití, por ejemplo, no?

Y finalmente: Finance is Just Another Word for Other People’s Debts, o Las finanzas son solamente otra palabra para las deudas de otras personas, en el que desarma las lógicas operacionales del sistema financiero y el cómo la deuda es un arma moral de castigo hacia los más pobres.

Sin embargo, lo que más me ha gustado de este libro es la combinación de una curiosidad intelectual irrestricta y de una escritura clara y directa, alejada de todo lenguaje académico e innecesario. Desde un optimismo raras veces experimentado, Graeber explora y conecta temas dispares, altamente relevantes y complejos: desde una charla intrincada sobre economía que sostiene junto a Thomas Piketty, hasta la naturaleza del arte, la importancia del activismo de acción directa, o las posibilidades de autogobierno que encierran las utopías piratas. Al moverse a través de sus ideas, tanto académicas como sus reflexiones personales sobre su participación en Occupy Wall Street, uno no puede sino sentir (sí, realmente sentir) el impacto que tienen en el mundo material la ayuda mutua y la democracia real cuando se ejercen de manera horizontal.

Tal vez porque el inicio de este año se nos presenta de esta manera es que no puedo sino sentirme contento por esta lectura. Este libro bien podría tratarse de un manual de activismo, de un libro de filosofía antropológica, de un libro de ejercicios utópicos, de una crónica planetaria, o simplemente de una compilación de charlas de una persona con muchos argumentos para recordarnos que tenemos el derecho a la autogestión sin coerción, construida desde la esperanza y la dignidad. Graeber lamentablemente falleció en dos mil veinte. Le sobreviven sus ideas. El título del libro hace referencia a una de sus citas más famosas: «La verdad última, oculta del mundo es que éste es algo que creamos y que fácilmente podríamos recrear de manera diferente».

Una compilación póstuma.

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